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viernes, 15 de septiembre de 2017

Que el periodo de adaptación escolar no se convierta en un periodo de resignación

En estos días much@s niñ@s se incorporan por primera vez a la escuela infantil. 
He escuchado (y también leído en Internet), muchos testimonios de madres y padres desesperados por tener que dejar a su hijo/a llorando, mientras l@s maestr@s les dicen que es "normal". Sé de niñ@s que han estado 2 horas llorando. ¿Y eso se considera "normal"? ¿Según qué criterio?
Dejar llorar a un/a niño/a afecta directamente a puede causar daños irreversibles a su sistema nervioso central (afecta a su crecimiento, al aprendizaje y al desarrollo de su cerebro), y, además del sufrimiento y la pérdida de confianza hacia el adulto, las consecuencias se manifestarán en la edad adulta (traumas afectivos, problemas de sueño, ansiedad, dependencia y síntomas depresivos).

Sabemos perfectamente que no todos los centros preven un periodo de adaptación, es decir una toma de contacto gradual del niño con el nuevo ambiente. Y, los que lo permiten, lo organizan de formas dispares. En muchos de ellos, por ejemplo, no se permite que los padres accedan al aula, así que la supuesta adaptación en realidad es solo un horario reducido durante los primerísimos días. 

No tengo experiencia directa porque, como probablemente ya sabes, hemos optado por hacer homeschooling hasta los 6 años, pero mi sobrino de 2 años acaba de empezar la escuela infantil. Quiero compartir su experiencia porque está siendo positiva y puede darnos algunas ideas. Sus padres han elegido un centro respetuoso donde la adaptación se realiza de forma personalizada. Los primeros cuatro días, por ejemplo, el niño y uno de los padres pasan media hora en compañía de la maestra. El quinto día se forma la clase.  Los primeros dos días la clase dura media hora, luego se pasa a una hora durante dos días más y después, según el comportamiento del niño, se van avisando a los padres para que lo recojan. El objetivo es que, cuando se sienta preparado, pase 4 horas diarias en el centro. Es cierto que se trata de un centro privado pero el precio no es mucho más elevado que el de un público (aquí en Andalucía, por lo menos, se ha restringido mucho el acceso a las subvenciones).

No olvidemos que las escuelas infantiles son muy útiles para los padres y las madres que se ven obligados a trabajar y no pueden dejar a sus hijos con abuel@s u otra persona de confianza, pero no son necesarias para l@s niñ@s. En esta línea se posiciona también Carlos González, referente de la crianza respetuosa y con apego. 
También te recomiendo la lectura de este artículo de opinión firmado por el periodista Andrés Aberasturi en el que afirma que "no hay mejor jardín que el pasillo de casa, la cocina o ese cuarto de estar y ser en el que han ido creciendo y han aprendido a decir y a andar."
Además los pediatras recomiendan no llevar a l@s niñ@s a las escuelas infantiles por lo menos hasta los dos años, ya que se incrementa en un 131% el riesgo de padecer neumonía y el de bronquitis en un 58%. El empeoramiento del estado de salud y la ausencia de socialización son los motivos esgrimidos por los profesionales para postergar el ingreso en el jardín de infancia (puedes profundizar estos temas leyendo este artículo). 
La manera en la que el centro organiza el periodo de adaptación es un indicador importante para entender si se trata de un centro respetuoso, pero no es el único. Es importante que se permita el acceso a los padres al centro en cualquier momento, que se respete la lactancia materna, que nos aseguren que consolarán al niño si llora, que no se le obligará a comer ni a dormir, que no se les castigará ni gritará. 
Y, si hablamos del colegio (segundo ciclo de la escuela infantil), es fundamental que no obliguen a l@s niñ@s a ir sin pañal, sino que respeten sus ritmos.
Si en el centro nos dicen que "antes o después dejará de llorar", "se acostumbrará", "todos los niños lloran", hay algo que falla en su idea de la educación infantil. 
Ante tanta falta de empatía, muchas familias que crian con respeto optan por cambiar al niño de centro, pero es importante también hacer escuchar nuestra voz y dejar una queja por escrito. Cuantos más seamos, más tendremos la fuerza suficiente para impulsar ese cambio tan necesario no solo en la escuela, sino en la manera en la que la sociedad considera y trata a l@s niñ@s.
Hay que luchar para que el periodo de adaptación no se convierta en un periodo de resignación, ni para l@s niñ@s ni para sus progenitores. 

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