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miércoles, 30 de diciembre de 2015

"¿Cuántas raíces de frambuesa necesitas para ser feliz?"


¿Cuántas raíces de frambuesa necesitas para ser feliz?
Comanegra

+7 años

Gunk, el padre de una familia de castores, es grande, fuerte y trabajador. Un día, mientras se bañaba en el río, se le acercó una nutria que le hizo una proposición que sonaba bastante rara: él y su pareja quisieran que Gunk les construyera una madriguera, exactamente igual a la que ha construido para su familia. 
El castor escuchó aquella oferta con mucha desconfianza y tampoco Candas, su pareja, estaba muy convencida de la idea de compartir el estanque con las nutrias.
Pero Gunk tenía la solución para que el trato parezca apetecible: a cambio, las nutrias podrían darles 20 raíces de frambuesa al día. Las raíces de frambuesa era sin duda lo que más les gustaba y, para conseguirlo, hasta ese momento habían tenido que adentrarse en el bosque, donde había muchos depredadores al acecho.
Gunka estaba orgulloso de su decisión pero las raíces que recibían no les parecían suficientes para todo el invierno, él y su familia se habían acostumbrados a comer muchas raíces al día, muchas más que antes.

¿Cómo solucionarlo? Fácil. Hacía falta construir otra madriguera para otra pareja de nutrias que aceptara el trato.
Cada vez había más familias de nutrias en el estanque y menos espacio, Gunk seguía construyendo madrigueras en previsión de la llegada de más nutrias, incluso llegó a ampliar el dique hasta que... llegó el día en el que las raíces se acabaron y las nutrias no pudieron cumplir su parte del trato. Además una fuertes lluvias acabaron destrozando las madrigueras.

Un cuento que explica de forma sencilla, a través de una metáfora que ve como protagonistas los animales del bosque, la crisis económica que se ha vivido en España desde finales de 2008.
Entre los años 2003 y 2005 se construyeron muchas más viviendas de las que hacían falta; hubo gente que compró viviendas para volver a venderlas y sacar beneficio, muchas se quedaron vacías. Los precios de las casas subieron de forma despropositada porque no se pagaba por ellas su valor real sino el valor que se estimaba podían llegar a tener. La burbuja inmobiliaria acabó explotando en el momento en el que la gente, que hasta aquel momento había recibido con mucha facilidad dinero de los bancos, no pudo devolverlo y se vio obligada a entregar su vivienda al banco. Las empresas, que vieron bajar el volumen de sus ventas, tuvieron que cerrar y/o despedir a trabajadores, haciendo así subir la tasa de desempleo.

Gunk, que se había dejado llevar por la codicia, gracias a una pregunta de su pareja, abrió los ojos: “¿Cuántas raíces de frambuesa necesitas para ser feliz?”. 
El duro trabajo sin pausa que había visto involucrada toda la familia de castores, había influido mucho también en las relaciones familiares, les había quitado la sonrisa a todos, sobre todo al hijo mayor, que había perdido sus habituales ganas de cantar y de reír.   
La solución está en la cooperación, en el respeto del medio ambiente, en un cambio en nuestra forma de consumir y de entender la vida y las relaciones humanas.
Pero todo eso es posible solo con una asunción de responsabilidades por parte de quienes, en pequeña o gran escala, han contribuido a la crisis.
Es maravilloso encontrar un álbum ilustrado para niñ@s capaz de explicar con un texto claro e ilustraciones eficaces, un tema tan complicado que ha modificado por completo las costumbres de la mayoría de la población.
Aplicable a la realidad de España (la autora es española) pero también a todos los demás países que se han visto involucrados en la crisis. Para mí ha sido muy llamativo el caso de Islandia, un país que tradicionalmente se ha dedicado a la pesca y cuya economía, de repente, a causa de decisiones políticas y económicas temerarias, colapsó. Ejemplar ha sido la forma en la que el país ha salido de la crisis, a través de medidas económicas drásticas (que evitaron la quiebra pero no una fuerte recesión económica) y una profunda reforma constitucional. Y sobre todo a través de la recuperación de la esencia del pueblo islandés, que siempre ha vivido de lo que la naturaleza le ha ofrecido.
Si crisis es sinónimo de oportunidad, esta crisis (¿infinita?) es nuestra oportunidad para reflexionar sobre nuestro estilo de vida, sobre la acumulación desenfrenada de bienes, sobre el (poco) sentido que tiene la especulación, sobre todo cuando afecta a otros.
En la web de Montse Junyent se encuentran varios recursos para trabajar valores.

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